Lopera, de 1991 a 2017: sus éxitos, sus fracasos, algunas verdades y muchas mentiras

Manuel Ruiz de Lopera entró a formar parte de la directiva del Real Betis Balompié en el otoño de 1991, meses antes de la transformación del club en SAD el 30 de junio de 1992, fecha a partir de la cual acaparó el control de la mayoría de las acciones y se hizo con el poder absoluto, hasta que las vendió a Luis Oliver por 16 millones de euros en julio de 2010 acuciado por los problemas económicos, deportivos y judiciales. Ahora está a punto de firmar un acuerdo para devolver las acciones a los béticos a cambio de 14 millones de euros (a los peñistas béticos les llegó a pedir 60 millones en 2007) y librarse de la pena de cárcel que le reclaman en los juzgados.

Un joven Manuel Ruiz de Lopera en su despacho de la calle Jabugo, en los años setenta.
Marzo de 1991, las primeras noticias de Lopera

La primera vez que escuché hablar de Manuel Ruiz de Lopera fue el 30 de marzo de 1991 en boca de Pepe León, en una herriko taberna de la localidad guipuzcoana de Deva, donde, en compañía del periodista Manolo Rodríguez, nos detuvimos a almorzar camino de Donosti (veníamos del aeropuerto de Bilbao) para presenciar un Real Sociedad-Real Betis del tramo final de la infausta temporada 1990/91 en la que el Betis volvió a descender, tras haber ascendido el año anterior con Paco Corbacho y Julio Cardeñosa en el banquillo y los goles de Pepe Mel.

El Betis, entonces presidido por Hugo Galera, atravesaba, una vez más, por una situación crítica en lo económico y lo deportivo, se avecinaba la transformación del club en SAD y se necesitaba músculo financiero para hacer frente a una suscripción de capital que al final se fue por encima de los 1.175 millones de pts, la segunda más alta de todo el fútbol español.

Una de las primeras fotos oficiales de Manuel Ruiz de Lopera en el Betis.

José León, que ya en 1969 había sido presidente del Betis y había estado vinculado a la directiva del club en diversas etapas durante los treinta años anteriores, nos habló entonces de “un personaje adinerado que puede ser la solución a los males del Betis”: Manuel Ruiz de Lopera, todo un desconocido para la mayoría, aunque ya se había dejado ver a finales de los setenta entre los ‘hombres de fútbol’ próximos al Betis, primando en algunas ocasiones a los jugadores propios con electrodomésticos de última gama (los vendía a plazos) o incluso a los de los equipos rivales, lo que no evitó en 1978 el descenso a Segunda división pese a unos maletines que paseó por media España junto a un técnico de la cantera del club.

Derroca a Manuel Romero, abuelo de Adrián Fdez Romero

Pocas semanas después de esa confidencia que nos hiciera Pepe León en Deva, Lopera acude a una junta consultiva por vez primera junto a otros ‘notables’ de la época. En julio de 1991, poco después de consumarse un anunciado descenso -el equipo estuvo en el pozo de la clasificación desde la tercera jornada- entra Pepe León en la directiva del Betis, que preside Hugo Galera. Y el 17 de diciembre de 1991 Lopera, que ya era directivo desde poco antes, da un golpe de mano contra el vicepresidente económico Manuel Romero -abuelo de Adrián Fernández Romero, compañero de Rafael Salas en Arriba Betis Campeón- en el transcurso de una reunión de la junta directiva y toma el control económico de la entidad con sus avales y sus canalizaciones.

El 8 de diciembre de 1991 Lopera había realizado su primer viaje como directivo, a Lleida, donde el Betis de Jarabinsky, con Trujillo de portero, encajó un sonrojante 6-2 que no fue más que el reflejo de una triste temporada que empezó con el técnico checo y acabó con el argentino Mesones y perdiendo la promoción de ascenso a Primera ante el Deportivo justo días antes del 30 de junio de 1992.

En 1992 se hace con el Betis y en 1994 lo sube con Serra

Tras un proceso de transformación en SAD lleno de vicisitudes y luchas internas -que explica al detalle Manolo Rodríguez en este artículo de 2002, cuando se cumplieron diez años de su llegada al poder- Manuel Ruiz de Lopera se hace con el control del Betis, que en la 1992/93 volvió a fracasar, con D’Alessandro en el banquillo, en su intento de volver a Primera, lo que también llevaba camino de ocurrir en la 1993/94 con Kresic de entrenador, hasta que un 28 de febrero de 1994 llegó Lorenzo Serra Ferrer a Heliópolis y la historia se empezó a reescribir.

En Burgos ya quería irse: “Cuando Lopera se vaya no habrá que darle nada”

Tras el ascenso de Burgos el 8 de mayo de 1994, apenas dos años después de hacerse con el control del club, Lopera volvió a hacer uso de su discurso populista, que caló en una masa que tardaría años en desenmascararlo. “Si los béticos me aprecian, me tienen que dejar marchar. Mis servicios están cumplidos y el objetivo, cubierto. Llevo 23 meses como consejero delegado que no se los deseo a nadie. En breve voy a convocar una junta informativa para dar a conocer a los socios en qué han quedado los 3.600 millones de deuda que había en el 92. Ahora el Betis sí es un club apetecible para el que quiera ser presidente. Cuando Manuel Ruiz de Lopera se vaya, no habrá que darle nada, y a la sociedad mayoritaria que se irá detrás de él, tampoco”.

Con Serra el Betis subió como un cohete y logró ese ansiado ascenso, perseguido durante tres interminables años, en Burgos en mayo de 1994, acabó tercero la Liga en 1995, fue octavo en 1996 y cuarto y finalista de Copa en 1997 -año en el que el eterno rival, el Sevilla FC, bajó a Segunda-,  ante el FC Barcelona, club al que se marcharía el técnico balear al recibir una millonaria oferta de José Luis Núñez para ser director del fútbol base del club azulgrana, a cuyo primer equipo luego llegó a entrenar, con escaso éxito, cuando Joan Gaspart accedió a la presidencia tres años después.

Denilson besa la camiseta del Betis el día de su presentación.
El fichaje de Denilson, la espantá de Aragonés

Tras la marcha de Serra, el Betis inició su particular cuesta abajo pese a haber gastado muchos millones en futbolistas -el de Denilson llegó a ser en su momento el traspaso más caro de la historia-, aunque en 1998 Luis Aragonés logró clasificarlo de nuevo para competiciones europeas al ser 8º, a un punto del Atlético y cuatro del Real Madrid.

Ese mismo verano de 1998, Luis Aragonés se hartó de las promesas incumplidas de Lopera y abandonó el equipo en plena pretemporada (ya hizo algo parecido en 1981). Cogió las riendas Vicente Cantatore, que dimitió tras siete jornadas y dio paso a Javier Clemente, con el que el equipo -con Finidi, Denilson, Prats, Filipescu y un mermado Alfonso por las lesiones- solo pudo ser undécimo en 1999, tan lejos del descenso como de las posiciones europeas que el Betis había frecuentado desde 1995.

Manuel Ruiz de Lopera muestra la maqueta del estadio que no terminó de construir.
El ‘Platillo volante’ y su enésima marcha

El 19 de marzo de 1999 se anuncia a bombo y platillo la remodelación del Estadio Benito Villamarín. En su discurso, Lopera asegura que “cuando cierre el Gol Norte, la tribuna de La Palmera y el Gol Sur, con sus galerías comerciales y sus asientos, Manuel Ruiz de Lopera se va del Betis. Esta vez es la definitiva, no tiene arreglo. Es mi vida, estoy dando la cara y me la están rompiendo. Los béticos son los dueños del club y ellos van a elegir. Y voy a dejar todo pagado”. Gol Norte y Fondo se inauguró el 1 de enero de 2000.

El descenso de 2000 de la mano del Sevilla

Poco después de esa inauguración parcial del estadio llegó la debacle, en la temporada 1999/00: el Betis se fue a Segunda de la mano de Griguol y Hiddink, acompañando al Sevilla, que entre 1997 y 2001 militó tres temporadas en la categoría de plata y una en Primera división. Los dos eternos rivales bajaron y luego subieron juntos en la 2000/01, en el caso bético de la mano de Luis del Sol y Paco Chaparro, que suplieron a Fernando Vázquez en el segundo tramo de la temporada.

Tras el ascenso de Jaén: “Antes de vender las acciones del Betis me como un bollo con aceitunas debajo de un puente”

El 17 de junio de 2001, tras ascender el Betis en Jaén, Lopera anunció por enésima vez que se iba del Betis y dejaba sus acciones a los béticos: “No puedo más, al final me he derrumbado por lo mal que lo he pasado en los últimos meses, en los que he perdido 19 kilos de peso”.

“Voy a entregar al Betis ante notario para que lo dé a los aficionados y ellos elijan el presidente que quieran”, ya que su decisión se debe “a que me he encontrado muy solo” pero no por su afición “que se ha partido la cara, como hoy lo han hecho a pleno sol”. El presidente del club bético aseguró que esta decisión “es firme” y que “ya la tenía pensada hace muchísimo” pero pidió a los aficionados verdiblancos que “sepan comprenderme porque así no puedo vivir, porque, y perdonad por la expresión, me estoy muriendo”. Lopera subrayó que dejará el club “en Primera y con beneficios, ya que cuando lo cogí estaba lleno de deudas” y que “se lo voy a dar a los béticos para que elijan presidente”.

Ese día de Jaén, Lopera también hizo hizo una petición expresa: “Voy a exigir una cosa, y es que cuando voten al presidente también lo hagan para quitar el nombre al estadio” (Ruiz de Lopera) ya que “no me han dejado terminarlo, y como no me dejan no tiene porqué llevar mi nombre”. Ruiz de Lopera, además, comentó que hace dos años “y el pasado” un grupo de empresas le ofertó comprar las acciones del Betis, a lo que dijo que “antes que vender las acciones del Betis prefiero comerme un bollo con aceitunas debajo de un puente”.

A Europa de la mano de Juande Ramos

En la 2001/02 el Betis completa una gran temporada con Juande Ramos -acabó 6º-, que no siguió por sus desavenencias con Lopera. En la 2002/03, el primer año de Víctor Fernández, el equipo ilusiona en algunos partidos, aunque va de más a menos y acaba 8º y fuera de competiciones europeas (a dos puntos del 6º, el FC Barcelona). En la 2003/04 el Betis es 9º y por vez primera en la era Lopera acaba clasificado por detrás del Sevilla FC -que fue 6º- en Primera división.

Los primeros grupos opositores aparecen antes de la exitosa campaña 2004/05, otra vez con Serra

Por entonces empiezan a surgir las primeros grupos opositores a Lopera al tener constancia de presuntas irregularidades en su gestión. Serra vuelve al banquillo en el verano de 2004 tras haber finalizado un par de años antes su periplo en el FC Barcelona y firma una de las mejores temporadas de la historia: hace al equipo campeón de Copa y lo clasifica para la Liga de Campeones 2005/06.

Por entonces Lopera ya ha tenido serios problemas con Hacienda y las discrepancias con Serra tras ganar la Copa empiezan a aparecer pronto por la escasa disposición económica del club para reforzar el plantel con jugadores de garantías (ese año llegaron Rivera, Miguel Ángel, Óscar López, Xisco, Nano…). El punto de inflexión se produce en diciembre de 2005, durante el partido de Liga de Campeones contra el Anderlecht la afición canta “Lopera baja al campo y mete un gol” y el del Fontanal se lo toma como una ofensa personal. Tras el partido anuncia que no volverá más al palco del estadio que lleva su nombre “para no ser un estorbo y para que así todos los béticos estén pendientes de animar al Betis”. Estuvo veinte meses sin acudir al palco, hasta agosto de 2007.

La ruptura social es un hecho en 2006 y cuatro años seguidos rondando el descenso

La relación entre Lopera y la afición bética ya no volvió a ser igual desde ese día, la ruptura social era un hecho, los béticos empiezan a agruparse y movilizarse, las juntas de accionistas pasan a ser extremadamente tensas y hasta violentas, las demandas se suceden en los juzgados, aparecen supuestos ‘compradores’ por doquier y el Betis inicia una espiral de malos resultados que lo tuvo durante cuatro años seguidos merodeando las posiciones de descenso, en 2006, 2007, 2008 y 2009, que fue cuando se consumó en la última jornada de Liga ante el Valladolid, mientras el Sevilla esos dos primeros años, se dedicó a ganar copas, una tras otra.

El 15J de 2009 salieron 60.000 béticos a la calle

Tras el descenso de 2009 los béticos protestaron en masa en la multitudinaria manifestación del 15-J, en la que se dieron cita más de 60.000 personas en las calles reclamando la marcha de Lopera y un Betis libre. Un año después, tras fracasar en el intento de volver a Primera y con el club endeudado hasta las cejas, Lopera decide quitarse de en medio y darle el pase de las acciones a Luis Oliver, a quien le vende el 51,34% por 16 millones de euros, a pagar en cinco años, aunque solo se abonó parte del primer plazo. La juez Alaya paró en seco esa operación, embargó las acciones y puso a un administrador judicial -Gómez Porrúa, que falleció a los tres meses- y a Rafael Gordillo a velar por los intereses del Betis, que ahora, siete años después de esa venta y tras una interminable sucesión de pequeñas batallas ganadas en los juzgados, puede volver íntegramente a manos de los béticos tras un largo periplo que se remonta a junio de  1992, hace ya 25 años.

“Hay por ahí un personaje adinerado que quiere ayudar al Betis y puede ser su salvación”, nos comentaba Pepe León un soleado mediodía de marzo del año 1991 en la muy costera y guipuzcoana localidad de Deva, entre Bilbao y San Sebastián.

Este lunes 12 de junio de 2017 el personaje en cuestión será juzgado por los presuntos delitos de apropiación indebida y administración desleal, de no mediar antes un acuerdo por el que venda las acciones a los béticos y ponga fin a una etapa que tuvo momentos de éxito, rotundos fracasos, algunas verdades, muchísimas mentiras y un bochorno supino que llegó a hacerse rutinario y habitual.