El paso de Maradona por Sevilla, el detective y el antidoping un Domingo de Ramos del que nunca más se supo

Luis Cuervas y José María del Nido escoltan a Diego Armando Maradona durante la presentación del argentino como jugador sevillista, en septiembre de 1992 (Foto Ruesga Bono)

Este miércoles se cumplen 25 años del debut de Diego Armando Maradona en partido oficial con el Sevilla FC. El que fuera en su época mejor jugador del mundo y uno de los más grandes de la historia del fútbol lució por vez primera la elástica nervionense en un partido de Liga el 4 de octubre de 1992 en San Mamés ante el Athletic, precisamente el equipo frente al que, ocho años antes, había disputado su último partido defendiendo los colores del FC Barcelona, la polémica final de Copa del 5 de mayo de 1984 en la que bilbaínos y azulgrana se enzarzaron en una monumental pelea en el Santiago Bernabéu al término del partido, que ganaron los de Javi Clemente por 1-0.

Maradona ya había despuntando con Argentina en el Mundial de España de 1982, tras el que el Barça de José Luis Nuñez lo fichó al Argentinos Juniors por una cifra récord de 1.200 millones de pesetas, un 33% de los cuales fueron a las arcas de Boca Juniors, donde Diego estaba jugando cedido por los primeros.

En su primer año en la Ciudad Condal, Maradona sufrió una hepatitis que lo tuvo cuatro meses de baja, de diciembre a marzo. El Barça no pudo ganar la Liga -que fue para el Athletic- pero los azulgrana ganaron la Copa del Rey (al Zaragoza) y la Copa de la Liga (al Real Madrid), con grandes partidos del astro argentino.

La temporada siguiente comenzó con muy mal pie para Diego Armando, que el 24 de septiembre de 1983 sufrió en el Camp Nou una terrorífica entrada de Andoni Goikoetxea que le partió el tobillo y lo tuvo casi cuatro meses de baja. Por dicho motivo esa campaña solo pudo disputar 16 partidos de Liga -que volvió a ganar el Athletic de Clemente-, aunque jugó otra vez la final de la Copa del Rey, que le enfrentó a los bilbaínos. El argentino y Schuster, al que el propio Goiko ya había lesionado de gravedad en diciembre de 1981, tenían cuentas pendientes que saldar, lo que dio origen a una monumental tangana tras ganar los vascos la final. Maradona agredió a Kike Sola y se provocó una tumultuosa y bochornosa refriega que pondría fin a su estancia en el Barça. El argentino fue sancionado por cuatro meses y no podía volver a jugar en España hasta diciembre, por lo que José Luis Núñez decidió traspasarlo al Nápoles.

Maradona, en sus largos periodos de convalecencia, ya había conocido a fondo la noche barcelonesa y fue en la ciudad condal donde empezó su relación con las drogas, en especial la cocaína, que ya nunca abandonaría, según él mismo confirmaría años después en una de sus autobiografías.

La gloria le llegó en Nápoles

El argentino se fue a Nápoles en el verano de 1984 necesitado de dinero -su representante, Jorge Czysterpiller, fallecido esta pasada primavera, lo metió en varios negocios ruinosos- y no tuvo reparos en firmar por un equipo que había eludido el descenso por un solo punto la campaña anterior. Tras dos buenos años en lo personal, culminados en México’86, donde Maradona hizo campeona del mundo, prácticamente él solo, a la selección argentina, en la 1986/87 hizo campeón de Liga y Copa al Nápoles, donde también pasó a ser un ‘Dios’, como ya lo era en Argentina. En la 1989/90 vuelve a hacer campeón del ‘scudetto’ al Nápoles, con el que ganó la Copa de la UEFA de 1989, ante el Stuttgart. Los que fueron de 1986 a 1990 fueron, sin duda, los mejores años de su carrera.

En el Mundial de Italia 1990 la selección argentina jugó como en casa, pues disputó varios partidos en Nápoles, donde Maradona era el rey. Allí venció en semifinales a Italia, aunque no pudo reeditar título al caer en la final ante Alemania. Maradona jugó ese Mundial infiltrado desde que en el tercer partido sufrió una lesión en el tobillo.

El argentino, con 30 años recién cumplidos (nació el 30 octubre de 1960) ganó su último título como jugador en diciembre de 1990, la Supercopa de Italia a la Juve, a la que goleó con un concluyente 5-1.

En 1991 da positivo de cocaína por primera vez

Poco después empezaron a aflorar sus problemas con las drogas y la ‘camorra’. Tras un partido jugado contra el Bari, en marzo de 1991, Maradona tuvo que pasar un control antidopaje. Y dio positivo de cocaína. Fue sancionado con 15 meses por la Federación Italiana. Se marchó a su país y allí lo detuvieron con drogas en su propia casa semanas después, por lo que fue condenado a 14 meses de prisión y se sometió a los primeros tratamientos de desintoxicación, con 31 años.

Estuvo año y medio sin jugar al fútbol -salvo algunos partidos benéficos, al margen de la FIFA- y en el verano de 1992, en plena Expo, Luis Cuervas se empeñó en ficharlo para el Sevilla FC por recomendación de Carlos Salvador Bilardo, que había hecho a Argentina campeona del mundo en 1986 y subcampeona en 1990, en ambos casos con Maradona de estrella, y al que había fichado para el banquillo del Sevilla FC. Era quien mejor lo entendía y estaba seguro de que aún le podía sacar mucho jugo al Pibe de oro, aunque ya nunca volvería a ofrecer el nivel mostrado en el Nápoles o en los Mundiales de México -en especial este- e Italia. El Sevilla pagó 750 millones de pesetas (7,5 millones de dólares) al Nápoles por el traspaso del argentino.

 

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Maradona, tras unas larguísimas y rocambolescas negociaciones que se cerraron en Zurich -con presencia de Luis Cuervas, José María del Nido y Ángel Villar, ya entonces presidente de la RFEF, por un lado, y Corrado Ferlaino, presidente del Nápoles, y su séquito, por el otro- llegó a Sevilla el 22 de septiembre de 1992, jugó su primer amistoso ante el Bayern Munich el 28 de septiembre y el 4 de octubre hizo su debut oficial en San Mamés, precisamente ante el Athletic Club, con el que ocho años antes jugó su último partido en el FC Barcelona.

Su mágico toque de zurda lo conservaba, pero su físico le hacía cada vez más acreedor al apodo de ‘Barrilete cósmico’ que por su exceso de peso ya hace meses que le habían puesto sus compatriotas, unos artistas en materia de motes.

El paso de Maradona por el Sevilla apenas duró un año. Mediáticamente colocó al club nervionense en primera línea del escaparate mundial, pero en el plano deportivo el rendimiento del otrora astro mundial dejó mucho que desear, salvo contados detalles. El equipo, dirigido por Bilardo y con estrellas en ciernes como Suker y Simeone (también estaban Unzué, Prieto, Martagón, Diego, Rafa Paz, Marcos, Bango, Conte, Monchi, que apenas jugó, Carvajal o Manolo Jiménez, entre otros), solo pudo ser séptimo -empatado con el Atlético- y fuera de los puestos europeos por el goal-average.

Cuervas y Del Nido le pusieron un detective

Su vida nocturna en Sevilla continuó siendo tan ajetreada como lo era en Nápoles y ya lo fue en Barcelona o su Argentina natal. Y dio mucho que hablar. Bilardo le permitía no acudir a los entrenamientos matinales con tal de que lo hiciera por las tardes, pero a muchos de los vespertinos ni se presentaba tampoco. Sus juergas nocturnas eran constantes y su rendimiento en el campo, cada vez menor.

De ahí que Luis Cuervas decidiera, a los pocos meses de su estancia aquí, ponerle un detective particular, y aunque el hombre ponía mucho empeño, poco podía hacer por seguirle cuando el Pelusa arrancaba su Porsche o su Ferrari desde su chalet en Simón Verde y cogía la recién estrenada S-30 con rumbo desconocido, generalmente Sevilla Este o ‘casitas’ de los alrededores, por lo que le perdía la pista al primer acelerón.

El 4 de abril de 1993, un Domingo de Ramos por la mañana, el Sevilla perdió en casa 0-1 con el Oviedo y a Maradona le tocó hacer el control antidoping. En la directiva se temían lo peor porque estaban al tanto de sus correrías nocturnas y su gusto por las sustancias prohibidas, tal y como les había informado el mencionado detective, que tenía conocimiento, por testigos consultados, de múltiples juergas del astro, y en concreto de la última, apenas un par de días antes de disputarse el citado partido, que tuvo lugar hasta altas horas de la madrugada en una conocida y entonces desinhibida discoteca del céntrico barrio del Arenal.

Maradona tardó más de dos horas en miccionar tras ese Sevilla-Oviedo de la matinal del Domingo de Ramos de 1993 y el bueno del doctor Antonio Leal Graciani, que lo asistió todo ese rato, se perdió el discurrir de La Paz por el Parque de María Luisa y hasta la salida de la Estrella en Triana. Después de ese día estuvo más de un mes sin volver a disputar un partido -durante toda la campaña arrastró molestias en la rodilla también-, lo que desató todo tipo de rumores sobre la posibilidad de un nuevo positivo que, sorprendentemente, nunca se dio a conocer.

Las relaciones con Cuervas y del Nido ya eran tensas por cuestiones como la citada y empeoraron a raíz de un viaje que Maradona realizó en febrero, en un vuelo privado desde Logroño a Buenos Aires para disputar la Copa del Centenario de la AFA con la selección argentina frente a Dinamarca, un miércoles, entre dos jornadas de Liga. El Sevilla perdió 2-0 en Las Gaunas y acto seguido Maradona cruzó el charco en un jet privado, jugó con Argentina ante Dinamarca en Mar de Plata y regresó para jugar en el Sánchez Pizjuám ante el Athletic Club, un partido que los sevillistas ganaron 3-1 y jugó el argentino completo.

Ese partido ante el Athletic fue el 28 de febrero y fue la penúltima victoria de Maradona con el Sevilla, con el que ya solo volvió a jugar seis partidos más: ganó uno -a la Real el 16 de mayo- empató dos, perdió tres y dejó de jugar siete por diferentes motivos en el tramo final de la 1992/93.

Al acabar la temporada, merced a los informes del detective y otros que obraban en poder de Luis Cuervas y José María del Nido, el Sevilla FC se ahorró una buena parte de la millonaria ficha que tenía que pagar a Diego Armando Maradona, que pasó por el Sevilla con más pena que gloria y cuya carrera sufrió un definitivo golpe al año siguiente, en el Mundial de EEUU, donde volvió a dar positivo por drogas y ser suspendido con otros 15 meses de sanción que terminaron con su carrera de futbolista. Trató de iniciar otra de entrenador, sin éxito alguno, y hoy es un juguete roto en manos del alcohol, las pastillas y las drogas.

Hasta la aparición de Messi fue tenido por muchos como el mejor jugador de todos los tiempos. E incluso después de Messi hay quien lo mantiene. Él solito le dio a Argentina el Mundial de México en 1986 e hizo del Nápoles, a punto de descender cuando llegó, un equipo campeón. Diego Armando Maradona Franco, el Pelusa.